Vienen a llevarse puesto todo el Sistema Político

La convivencia feroz entre el Poder Judicial, Clarín y un sector de la clase política –hoy en el Gobierno- amenaza con autonomizarse del sistema político y llevárselo puesto. Porqué esta matriz de poder pone en jaque a la democracia no sólo argentina, sino de toda la región.

Hace uno años, cuando nos metíamos en una de las crisis más profundas de nuestra historia, el entonces Diputado Nacional Lorenzo Pepe (PJ) se preguntaba –durante una sesión- si es tan mala la política y nos planteaba: “¿Saben como termina esta historia? Van a sentar en estas bancas a los gerentes de las multinacionales… y si no tenemos valentía para salir de este atolladero no hay destino para los argentinos”.

Más allá de la anécdota, es importante que podamos analizar en profundidad la nueva matriz de poder planteada por las clases dominantes para recuperar los Estados Nacionales en Nuestramérica, después de la avanzada popular que encabezaron Néstor, Chavez, Lula, Evo y Correa.

Esa matriz se basa en la triangulación de los Medios Masivos de Comunicación, el Poder Judicial y un sector de la Clase Política. No es un hecho aislado en Argentina; lo vemos en cada uno de los países cuyos procesos populares de la última década tambalean o corren riesgo de caer frente a aquél triángulo de poder. Frente a esto, la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿qué es lo que está en juego? ¿Cuál es la estrategia planteada por las Corporaciones?
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Hacia una nueva etapa del movimiento nacional

Por Rodrigo D.

Territorializar, expandir y disputar el fpv

Introducción

Se presenta necesario abrir un debate en torno a cual es la estrategia del movimiento nacional para la etapa que estamos atravesando. Tenemos el desafío de ir consensuando líneas de acción que nos permitan llegar en las mejores condiciones posibles de cara al proceso electoral del 2017. Hay que ser claros, esta es la prueba de fuego que tenemos las fuerzas del campo popular para avanzar en el objetivo principal, ordenador, que no es ni más ni menos que derrotar a la alianza Cambiemos en el 2019 y reimpulsar un proceso nacional, popular y democrático.

No se trata de un capricho electoral o de una lectura meramente institucional. Se trata de poder comprender el enorme desafío que implica frenar la restauración conservadora despues de un ciclo nacional democrático como el que vivimos en los últimos doce años. De hecho, si nos sumergimos en nuestra propia historia, nos vamos a encontrar que después de cada proceso de ampliación de derechos como fue en el caso de Yrigoyen, Perón y Cámpora (y hasta la llegada de Nestor) se impusieron largas olas liberales como la del 30′, el 55′ y el 76′ que le costaron muchísimo sufrimiento al conjunto de nuestro pueblo.

Por eso, es importante parar la pelota y construir una estrategia política común. La historia no es mecánica, transformar su curso depende de la capacidad y la iniciativa que tengamos en estos 4 años.

Territorializar el Frente Para la Victoria

El Frente Para la Victoria sigue siendo el principal punto de referencia de oposición a las actuales políticas liberales del Gobierno de Macri. Eso no está en discusión. Sin embargo, la derrota electoral nos sumergió en un nivel de fragmentación y desorientación importante, del que es primordial salir cuanto antes.

Si no consolidamos ese lugar en la oposición, por más iniciativas que tengamos, por más que impulsemos o acompañemos la pelea sindical y las diversas iniciativas que brotaron a partir del 25 de octubre, no hay ninguna capacidad de capitalizar políticamente los enormes esfuerzos que se están desplegando. Quizás sí crezcan las fuerzas políticas y sociales, pero ese no es un sinónimo directo de que estamos elevando la capacidad de disputa de cara a las elecciones del 2017 y 2019.

Es necesario que avancemos en un proceso serio y profundo de articulación y organización del Frente Para la Victoria en cada uno de los distritos, armando mesas en cada uno de los municipios, localidades y comunas. Donde podamos combinar las posiciones institucionales ganadas, ya sean concejales, legisladores o bien las intendencias donde somos Gobierno, con el desarrollo territorial-social. Potenciando toda nuestra fuerza de cara a generar una dinámica que tenga como centro la disputa de poder en los distritos.

La militancia tiene que reconstruir, concentrar y consolidar su presencia de abajo hacia arriba.  Tenemos que aprender a construir en la oposición. Antes la iniciativa iba del Estado a la Sociedad. Ahora tenemos que ir de la Sociedad al Estado. Pero tenemos que combinar. Tenemos que potenciar las posiciones institucionales ganadas.

Sabemos que hay matices, pero no se trata de construir una visión uniforme ni de que busquemos entre nosotros quienes son los culpables. Se trata de que podamos definir con que líneas de trabajo, con que iniciativas, nos dividimos el territorio y empezamos a plasmar una misma política. Es de esa forma que podemos referenciar un proyecto de oposición que tiene que castigar en las urnas al Gobierno Liberal.

Expandirlo en el Movimiento Nacional

Como dijimos el Frente para la Victoria está atravesando un momento de crisis. Esa crisis está condensada en la disputa por la conducción política del espacio. Si las fuerzas del campo popular, nacional y democrático no logramos un resultado contundente en las elecciones del 2017 que muestren que no perdimos la representación en la sociedad y que sostenemos una importante capacidad de disputa, está crisis se va asentuar y potenciar de cara a los años que se vienen.

En este sentido, las elecciones del 2017 no expresan el problema de cuantos legisladores podamos meter, es un problema mucho más serio. Expresa en potencial como vamos a llegar de cara a disputar el Gobierno en el 2019. Es decir, si nos preparamos para pasar de la oposición a una opción de Gobierno o si vamos de la Oposición a la Resistencia producto de la fragmentación del movimiento nacional.

Por tanto, lo que está en juego es la posibilidad de que el ciclo liberal se instale con mucho más arraigo en la sociedad argentina, como fue a lo largo de nuestra historia.

Expandirnos en el movimiento nacional es pasar de la oposición a nuevo proyecto de mayorías. Ese es el proceso general en el que nos tenemos que enmarcar en estos años. Es romper las barreras del FPV para interpelar e integrar nuevos sectores sociales. Es un proceso largo que nos va llevar tiempo donde tenemos que recuperar la ligazón con la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, con los sectores industriales vinculados al mercado interno y con amplios sectores medios que se volcaron a la propuesta de Cambiemos.

Estamos en una etapa donde lo central es que consolidemos nuestro lugar de oposición de cara al 2017, que expresemos ese punto de referencia para el conjunto de nuestro pueblo. Es desde ahí que podemos pasar al proceso de expansión y pararnos como una opción política de mayorías.

Sin embargo, no se trata de tener una visión mecánica, donde primero hacemos una cosa y después la otra. Es un mismo proceso. Si consolidamos nuestro rol como oposición estamos generando las mejores condiciones para que se expanda nuestro proyecto político. Y visceversa. Ahora, lo que si tenemos que tener claro es que no se puede expandir en la fragmentación. No se puede expandir lo que no tiene iniciativa, ni punto de organización común. Por eso, es fundamental avanzar en un proceso de territorialización del FPV. Hay que juntarse y consensuar líneas de acción para emprender la tarea de expandir. Y ahí, la unidad es fundamental, pero con lo que hay no alcanza. Hay que salir a buscar.

Sostener la unidad disputando la orientación del Proyecto Político

Por último, es necesario poner el acento en la disputa por la conducción, para eso es necesario caracterizar las tendencias que se expresan al interior de nuestro espacio político. Básicamente existen tres sectores:

  • La tendencia democrática que tiene dos puntos de encuentro: el liderazgo de Cristina y la necesidad de construir una oposición política clara y contundente al Gobierno de Cambiemos. (Capitanich, Ferraresi, Recalde, Moreno, Rossi, los nuevos intendentes del conurbano, las organizaciones juveniles y algunos referentes sindicales)
  • La tendencia liberal que está expresada en Urtubey y Bossio que expresan la necesidad de construir un liderazgo distinto al de CFK y plantean una oposición conciliadora.
  • La tendencia pragmática expresada en su gran mayoría por los Gobernadores, que corre por el centro, y está a la espera de que las tensiones se resuelvan para un lado o para el otro. Teniendo una posicion pendular respecto al nuevo Gobierno.

Esta disputa por la orientación política del espacio va depender de la capacidad que tenga cada una de las tendencias (la democrática y la liberal), en función de poder imprimir su iniciativa, de expandir su representación en la sociedad y de lograr un nuevo punto de referencia para aglutinar tras de sí al conjunto del movimiento nacional. Esto no se va a resolver en un acuerdo entre dirigentes, se va resolver en la disputa por la representación en el conjunto de nuestro pueblo.

Es fundamental avanzar en un proceso donde consolidemos la tendencia democrática al interior del FPV, en este sentido estamos en un momento de reordenamiento. La propia dinámica Oficialismo-Oposición va clarificando las aguas. Los posicionamientos respecto a la orientación del FPV y al rol del PJ, la discusión sobre los fondos buitres, y mismo la posibilidad de ir generando encuentros como el de la Universidad de Avellaneda son pasos claves en esa dirección.

Pero no podemos caer en juntarnos solo los que pensamos parecido para acusar con el dedo al interior de nuestro propio espacio. Hay que tensionar sin romper. Lo que construye es la política y la iniciativa, lo demás es parte de una actitud infantil que no aporta al proceso general que estamos viviendo. Hay que sostener la unidad pero disputando su orientación.

Si esta tendencia toma forma y va consolidando su presencia, si empieza a dinamizar la coyuntura y a generar mayor capacidad de respuesta frente a la avanzada liberal, estamos también generando el escenario indicado para disputar el liderazgo de la oposición y del FPV. Estamos generando el mejor escenario para que Cristina vuelva al terreno de la disputa política pública.

No podemos esperar a que aparezca. Hay que forzar los escenarios. El tiempo de los patios de la militancia son parte del pasado. Ahora es el tiempo de que la militancia, de que las organizaciones intermedias, de que los referentes de la tendencia tomen la posta. No podemos inmolar el liderazgo de Cristina en la primera de cambio. Es la principal carta que tenemos para subordinar a un proyecto nacional, popular y democrático al conjunto de las tendencias del campo nacional.

 

Atense al palo

 

–Por Agustín P. “A los mediocres que desde afuera o desde adentro intenten dividirnos, hagan como Ulises atense al palo de la nave y sigan en el viaje”. Cristina F de Kirchner, (29-10-15 en el patio de la rosada a los militantes)

Como oposición política que pretendemos ser, frente al oficiliasmo neoliberal, tenemos que hacer propias las nuevas contradicciones que se están desarrollando. Si las esquivamos, las corporaciones se van a quedar en el gobierno por largo tiempo. No podemos seguir tirando la pelota para afuera. Identificar las contradicciones políticas de cada coyuntura es lo que nos permite avanzar, disputar poder, salir del estancamiento de la derrota.

Para hacer ese ejercicio es bueno traer a la mesa una distinción. En los duros años de resistencia que le siguieron al 55, Perón insistía en diferenciar el “quehacer político” del “quehacer histórico”. Al respecto usa la metáfora y compara el vuelo corto del pato con el vuelo imponente del cóndor. Es decir, a la hora de trazar líneas de acción hay que saber distinguir entre lo coyuntural, lo anecdótico, la rosca; y los movimientos de largo plazo, la etapa general, el aire de época, el silbido del viento de la historia que pocas veces sopla en la nuca y muchas veces hay que patear mucho para saborearlo. Al decir de Scalabrini Ortiz del 17 de octubre: “Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto… El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

Ambos “quehaceres” son importantes, la clave de la conducción política está en el arte de combinarlos, en la capacidad de intervenir, estar en el aquí y ahora, combatiendo el pragmatismo sin brújula que nos arrastra a la agenda del enemigo. Para eso captar el tiempo histórico resulta vital.

En la coyuntura política actual, el peronismo viene al filo de un proceso de fragmentación; que de llevarse a cabo, los únicos beneficiados van a ser los enemigos de siempre, y los platos rotos los va a pagar el pueblo, junto con la dirigencia de base, los soldados rasos. A esta altura no nos asombra que los políticos de las altas esferas sepan caer parados, por algo son “profesionales de la política”.

Pero no diluyamos en vanidades la suficiente claridad en la disputa del poder que alacanzamos como pueblo estos últimos años. Cambiemos el ángulo, despejemos la bronca, aferrémosnos a una visión histórica que nos permita trazar líneas de acción efectivas.

En esa dirección es que se nos abren un montón de disputas que dar. Una de las que sobresale, que tiene aires viejos y frescos, nostálgicos y prometedores, a la vez, es la “maldita” interna del peronismo.

 

“Tu naturaleza te quiere matar”

 

El peronismo tiene por naturaleza la pelea en su seno. Es un movimiento contradictorio, policlasista, que expresa distintos intereses que confluyen y se enfrentan. Es su huella de nacimiento y de supervivencia de cara a los grandes poderes imperialistas del mundo. Lo que le da la virtud de ser una fuerza nacional imparable y, a la vez, lo condena a la autolimitación que por momentos se expresa en un canibalismo brutal.

No fue casual que en su mítica correspondencia, Cooke le advirtió numerosas veces a Perón que haga algo con el “gigante invertebrado y miope”, porque de lo contrario “vamos a terminar todos con los huesos rotos”.

Esa advertencia es una cicatriz mal cerrada que nos recuerda que siempre que esa pelea salío para afuera y el peronismo se rompió, la oligarquía liberal se instaló por mucho tiempo en el país. Es lo que pasó en el 55 y de manera determinante en el genocidio del 76.

Es sabido que “los malos” están también adentro del peronismo, que el imperialismo juega por adentro y por afuera, por izquierda y por derecha. Pero también sabemos que en momentos de crisis históricas tiramos más balazos para los costados que para adelante… y el resultado lo conocemos. Podemos decir que eso forma parte del drama nacional, que viene ya de antes de Perón; cuando rememoramos, por ejemplo, la vergüenza nacional que Urquiza nos hizo pasar en Pavón…

Vayamos al grano: hay una tensión interna, nuestra, como actual oposición política, que tiene que ver directamente con la disputa histórica del peronsimo y que hoy se expresa con particularidades nuevas, todavía muy complejas para desentrañar pero que la realidad nos exige que las enfrentemos.

¿Cual es esta tensión? La lucha interna es necesaria e inevitable, pero la ruptura del peronismo implica una derrota estratégica. Hay que aprender a cabalgar esta contradicción: dar la pelea interna y mantener la unidad.

Estamos en una nueva etapa histórica, con mucho por crear y reinventar. Recordemos siempre lo que nos dijo Cristina en su último discurso en los patios de la militancia: “Lo que no podemos nosotros, como militantes políticos, es enroscarnos y mirarnos el ombligo”

Cabalgar es saber cuando tensionar y abrir la discusión, pero no abrir sangrías que despúes no se pueden cerrar.  ¿O acaso no es el gobierno pro, encaranado en Macri, el enemigo principal?

 

 

PJ y FPV, “para un peronista no hay nada mejor que…”

 

Se está planteando que seamos conscientes del tipo de disputa que afrontamos. En gran medida el destino del país se va a definir en la interna peronista.

En un mundo hostil, donde hay una crisis financiera que no encuentra salida aún, ya que las salidas vienen siendo invasiones militares y económica; tenemos que estar muy atentos en como se va a expresar esa crisis en el suelo nacional y la importancia que tiene la domesticación del peronismo, y el aislamiento de los indomesticables. Por eso necesitan que se rompa todo el FPV y que el PJ sea otra vez esa estructura corrupta de gobernabilidad vacía de contenido.

La barrera para que el imperialismo arrase con Argentina es la política de unidad latinoamericana encabezada por Chavez en la última década y el proceso nacional que vivimos donde se conquistaron derechos concretos y se despertaron nuevas fuerzas políticas, cuestión que hoy se expresa en la opocisión al gobierno macrista.

En la disputa por la oposición política entonces se juega la suerte del proyecto nacional y popular. Esa disputa se está produciendo en distintos frentes. Un frente de batalla importante es el Partido Justicialista. No es el único, pero cuando la realidad se impone, se impone. No hay dirigente que pueda tapar el sol con las manos. El problema está ahí y requiere definiciones de la dirigencia política. De hecho está cobrando un rol preponderante y atraviesa a toda la militancia, al punto que incluso ha atraído a sectores militantes que no provienen del peronismo pero que tienen vocación de poder y les preocupa el futuro de su país.

Para pisar este campo de batalla, es de gran utilidad retomar el consejo de Perón a la hora de distinguir el “quehacer político” y el “quehacer histórico”. La coyuntura política pone a la interna electoral del PJ en el centro de la escena, donde prima la rosca superestructural, que se juega en las “grandes ligas” institucionales y, sobretodo, en las declaraciones que nos abruman todos los días en los medios de comunicación. Aún así el cronograma electoral del PJ, así como la probable lista que se va a cerrar a espaldas de la base, son cuestiones importantes porque hacen a la disputa práctica.

Hay algo claro: hasta ahora es la única línea de acción que existe. El sector de la sociedad que se sintió interpelado por el último balotage, que se identifica fuertemente con ese 49%, por la defensa de la década ganada, quiere poner el pecho, hacer algo. Y hasta el momento no hay otra cosa que la elección interna del PJ; salvo la obligada denuncia y movilización contra las políticas pro, ya profetizadas por la “campaña del miedo”.

Ahora bien, debemos abordar con mirada histórica la interna del PJ. Es decir, no hay que mirar tan sólo hacia adentro, sino que estamos frente a una posibilidad para dar una discusión política profunda, de clarificar las tendencias, de seguir el proceso iniciado por Néstor de llenar de contenido esa maquinaria electoral llamada PJ. Esa disputa es de largo plazo, pero hay que darla en cada coyuntura, con distintas formas, métodos, hechos. La interna electoral del PJ de estos meses es un paso en ese sentido. La afiliación masiva es un hecho extraordinario, novedoso, relativamente espontaneo. Detrás de ese proceso hay una discusión sobre proyectos de país.

Ahí se abren una serie de problemas, entre los  cuales aparece uno que hay que considerar: el peronismo como corazón de un frente de liberación nacional no puede sólo, necesita profundizar su doctrina, clarificar la lucha de tendencias. Para eso la interna tiene que salir para afuera. Eso es lo que hizo Néstor cuando planteó la transversalidad: le dio oxígeno e impuso en el peronismo un proyecto de país a partir de las demandas sociales y políticas de la hora, amplio la fuerza política a partir de políticas concretas, donde se fueron delimitando los enemigos del pueblo; quizás de una manera excesivamente pragmática, pero se hizo.

El movimiento peronista es una fuerza histórica que no se puede condensar en ningún sello partidario. De hecho el Partido Justicialista en las últimas décadas se redujo a ser un aparato electoral a nivel nacional. En los 90 fueron saqueadas las tres banderas históricas del peronismo para ser utilizado como una herramienta de gobernabilidad. Fue la estrategia neoliberal: colonizar las estructuras nacionales para aplicar un plan de exclusión social mediante el voto popular. Es decir, una gran burocracia vaciada de política que clausuró la discusión interna y, sobretodo, con el conjunto de la sociedad.

Néstor Kirchner desde Santa Cruz, representando una tendencia democrática del peronismo, abrió una grieta en el PJ y lo llenó de política, con la decisión de fortalecer el Estado para distribuir la riqueza, mediante la propuesta de la transversalidad, expresada electoralmente en el Frente Para la Victoria. Así el corazón peronista del Kirchnerismo logró incorporar otras tendencias políticas. Esa intuición de transversalidad que tuvo Néstor, fue lo que le dio fuerza para correr del mapa o subordinar a los sectores neoliberales del PJ y fundamentalmente poner en discusión temas incómodos sobre la mesa de los argentinos.

Tengamos en cuenta que en América Latina los nuevos procesos populares, surgidos de la crisis de los 2000, dieron por tierra con los viejos partidos tradicionales nacionalistas, así se le dio nacimiento en Brasil al PT, en Venezuela al PSUV, en Bolivia al MAS. En Argentina fue más complejo: el PJ siguió siendo el garante de la gobernabilidad, la base de apoyo del FPV para poder avanzar en las grandes contradicciones nacionales. Fue a través de la caja del Estado nacional que el Kirchnerismo logró alinear la estructura territorial justicialista para embestir contra las corporaciones. Pero la dicusión política siempre se dio afuera del Partido. El Partido sirvió para ordenar las inversiones de obra pública en las provincias y municipios y mantener la unidad en las cámaras legislativas. Pero hasta ahora la herramienta transformadora viene siendo el FPV.

Es decir, la virtud de Néstor y Cristina fue la iniciativa política nacional, que a través de la caja estatal, les permitió alinear a las estructuras intermedias de gobierno (municipios y provincias); pero  a su vez eso fue un ancla pesada, que en cada elección se hacía valer. Se puede decir que la mayoría de las estructuras territoriales intermedias son las mismas que en los 90. Si bien estos últimos años empezó un recambio, con algunas intendencias encabezadas por jóvenes, y no tan jóvenes, militantes; eso no se pudo plasmar. Si repasamos las provincias del FPV no nos quedan dudas.

Así el Kirchnerismo puso en marcha un proceso político que actualmente está en plena ebullición, ahora como oposición; que así como nos permitió ganar elecciones, también en momentos de repliegue nos llevó a la derrota electoral. Y como todo movimiento histórico que se propone realizar transformaciones políticas, está plagado de contradicciones.

 

Las palabras de Cristina en el último discurso en los patios de la milatancia, resuenan una vez más:

“Esto que hemos conformado, que es el Frente Para la Victoria, y que agrupa al peronismo, perdoneme los muy tradicionalistas, pero a mi no me gusta hablar de justicialismo, a mi me gusta hablar de peronismo. Cuando hablo y digo peronismo, siento que me llegan años de historia, siento que todo lo que se vivió en los últimos 70 años en la República Argentina adquiere un sentido…aunque se horrorice algún viejo peronista, cuando veo la imagen del Che junto a Evita, siento que hemos logrado lo que los padres fundadores de la patria querían, lo que querían San Martin, Belgrano, Moreno, Castelli. Siento que lo que ellos soñaban, la unidad y la organización de los que queremos un país para todos, de los que queremos un país integrado al mundo pero desde nuestra propia soberanía, nadie puede ser parte de nada si primero no es él mismo, esto es la integración desde la identidad, una identidad que hemos forjado en estos años muy fuerte”

 

 

Los muchachos peronistas… neoliberales vs populistas

 

Hoy estamos en una nueva etapa histórica que nos pone frente al siguiente dilema: ¿el PJ seguirá siendo una “cáscara vacía” que sólo sirve para alinear estructuras territoriales con caja estatal o desbordará a través de la discusión política de la enorme militancia que se despertó en estos últimos años?

¿Cuales son las tendencias políticss que se expresan detrás de las fotos del PJ?

Para esquematizarlas brutalmente podemos decir que hay un sector expresado en el PJ Davos, encabezado por Massa, que plantea un peronismo liberal y dócil, que le hace el caldo gordo a las grandes corporaciones. Es decir, una oposición que le permita consenso y republicanismo al oficiliamos neoliberal. El PJ Davos juega por afuera del FPV con Das Neves, De la Sota, Verna; pero también por adentro con Urtubey y Bossio, que, vale decir, están cada vez más afuera.

La otra tendencia está expresada en dirigentes como Coqui Capitanich o Guillermo Moreno, que plantean que hay que construir una oposición dura, que enfrente el modelo oligáquico, marcando la importancia del rol del Estado y de la discusión política en el seno de la sociedad.

Luego hay un gran caudal que está por el centro, es la mayoría de la estructura territorial, que tiene un componente burocrático importante, en tanto no tiene proyecto político propio, sino que se expresa institucionalmente para garantizar la caja para gestionar. A este gran sector le calza bien un Luis Gioja, que quiere un partido “institucionalizado”.

Ahora bien, hay un actor determinante, bastante virgen en la interna del PJ, que es la nueva juventud peronista con sus propias organizaciones, donde la militancia kirchnerista tiene un rol central y la conducción estratégica de Cristina trasciende cualquier interna partidaria.

 

Cuidar a Cristina, con “el bastón de mariscal en la mochila”

 

“Porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora, porque nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras; entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias; porque nosotros vamos a cuidar de Perón más que si fuera nuestra vida, porque nosotros cuidamos una causa que es la causa de la patria, es la causa del pueblo, es la causa de los ideales que hemos tenido en nuestros corazones durante tantos años” Evita.

Veremos en que termina la rosca superestructural y como se dan los vaivenes políticos de este momento tan complejo que estamos viviendo. De cara a los lineamientos planteados consideramos que el enemigo interno es el “PJ Davos”, así que la unidad frente a esa expresión es algo a tener muy en cuenta. La unidad del bloque parlamentario FPV tiene que ser una prioridad y la presidencia del PJ es una dura carta de negociación en esa disputa. Si se siguen generando bloquesitos y más fisuras, estamos en graves problemas.

La mayor unidad posible del FPV-PJ hoy tiene que ser un objetivo principal. Por eso lo importante de las elecciones internas del PJ no es tanto ganarlas con una lista kirchnerista bien pura; cuestión que por otra parte no es posible. Sino que tenemos el deber como militantes de usarlas como plataforma para plantear la discusión política, para discutir proyectos de país, para definir el rol que tenemos que ocupar como oposción que pretendemos volver al gobierno lo antes posible.

Visto desde una perspectivaa estratégica la fuerza de ese 49% no está en ningún partido político, está en una transversalidad popular, que expresa un movimiento amplio, que tiene un sustento histórico y material en la década ganada que paso y que plantea un modelo de país antagónico al de los buitres.

Cuidar a Cristina es potenciar esa fuerza histórica.

El rol de los militantes es embarrarse frente a las coyunturas políticas, lo que implica aceptar cualquier pelea y tener iniciativa. Por eso es importante meterse en la pelea del PJ, más allá de que la rosca cierre listas por atrás o que el Partido Justicialista no sea la garantía de nada. Lo que está claro es que no se puede mirar para otro lado. Eso es “cuidar a Cristina”, que tiene un papel que jugar que trasciende cualquier partido u organización.

De todos modos, lo orgánico no debe nublarnos la visión. Es que si no se logra plasmar una tendencia justicialista nacional y popular, que exprese estos 12 años de derechos conquistados liderados por Néstor y Cristina; por algún lado encontrará el cauce, no hay estructuras orgánicas capaces de hacer de dique de contención a procesos históricos profundos. La plaza del 9 de diciembre, Cristina, es la reserva estratégica que más temprano que tarde se va a poner sobre la mesa.

Unidad, Unidad y mas unidad

— Por Rodrigo D.

Se abre una etapa inédita en la Argentina luego de los resultados del 22 de noviembre. Es la primera vez en la historia política de nuestro país que se impone a partir de la voluntad popular una Coalición Conservadora sin la necesidad de utilizar al Partido Militar ni colonizar a los Partidos Populares como fue en los 90′ con el Partido Justicialista y la UCR.

Con las primeras medidas sobre la mesa, el nuevo Gobierno pone en el centro de la discusión que lo está en juego son los derechos alcanzados en lo económico, en lo político, en lo social y en lo cultural, a lo largo de estos 12 años. La posibilidad concreta de no retroceder va depender de que podamos consolidar una oposición política, que exprese con claridad que en la Argentina hay dos modelos en juego.

Por eso mismo, se va abrir una disputa feroz por definir cuál es el la tendencia política que dirija la oposición. Esa batalla se va concentrar principalmente al interior del FPV y en particular se va a expresar en la interna del peronismo. En este sentido, es fundamental volcar toda la iniciativa política en esa disputa, en tanto es el único instrumento capaz de hacerle frente a la derecha.

Un puntapié para empezar a pensar

1. Consolidar y ampliar el FPV. Fortalecer su tendencia democrática

El primer desafío es sostener la Unidad Política del Frente Para la Victoria, que se apoya troncalmente en una concepción frentista del Peronismo. El llamado de distintos dirigentes a construir un espacio amplio, plural y diverso va en esa dirección. La tensión del campo nacional, popular y democrático reposa bajo el eje de que con el peronismo solo no alcanza, pero que sin el peronismo quedamos al margen de la disputa política.

La derecha esto lo tiene clarísimo, y por esto mismo su objetivo es fragmentarlo, partirlo y licuar su capacidad de disputa frente al avance neoliberal. En concreto esto quiere decir que van a apostar fuerte al interna del Partido Justicialista, para que se reconstruya en función de un nuevo instrumento electoral, abandonando su alianza con los sectores populares y progresistas.

Es necesario que el conjunto de ese torrente militante que se puso la campaña al hombro a partir del 25 de octubre haga todos los esfuerzos necesarios para aportar desde los más diversos lugares a frenar los intentos de la derecha por romper el FPV. Se hace indispensable construir una estrategia común porque la lucha interna es inevitable.

El segundo desafío es consolidar la tendencia democrática expresada en la Conducción de Cristina Fernandez de Kirchner, en tanto va ser la referencia inmediata de nuestro pueblo en la pelea por los derechos alcazandos, y porque es quien concentra la mística de los últimos 12 años y de la multitudinaria movilización del 9 de diciembre. Esos derechos son el piso para disputar un Proyecto de Nación basado en la Justicia Social, la Soberanía Económica, la Independencia Política y la Integración Regional.

El tercer desafío es ampliar las bases de sustentación y representación del FPV, recuperando e integrando sectores sociales que a lo largo de estos últimos años dejaron de participar activamente en la disputa política y se volcaron a la lucha gremial. Fundamentalmente la clase trabajadora y sus organizaciones gremiales, los pequeños productores agrarios e importantes sectores medios; los cuales van a vivir un deterioro de sus condiciones de vida. Hay que abrir la disputa política a la sociedad y tener mucha iniciativa para involucrar a nuestro pueblo en esa pelea y que no quede relegada solo a los dirigentes.

2. Generar nuevos canales organizativos para canalizar la espontanea participación popular

Los resultados de las elecciones del 25 de octubre generaron una tercer oleada de participación popular como no se veía desde el conflicto con las patronales agrarias en el 2008 y la muerte de Néstor en el 2010. Es fundamental generar nuevos mecanismos desde la militancia para canalizar y potenciar ese proceso, transformando toda esa energía en un nuevo piso de acumulación política. Sin dudas la oposición que hay que construir requiere que la nueva dirigencia y esa masa de “empoderados” se ponga a la cabeza de este proceso.

El hecho concreto de haber perdido las elecciones hace necesario repensar la lógica de acumulación que se venía teniendo. El eje central es el territorio, los gremios, las sociedades de fomento, las escuelas. Es fundamental profundizar el trabajo en esa dirección, porque es el único sustento real para garantizar no solo la unidad del FPV sino también la profundidad de su Proyecto Político, lo cual reposa siempre en las relaciones de fuerza reales.

3. Consolidarse como oposición política. Generar la mística de la vuelta.

Al grano, la etapa que se abre en la Argentina no es una etapa de resistencia. Por el simple hecho de que no están agotados los canales de participación política. Hubo resistencia en los 18 años de proscripción y en la dictadura, porque no se podía elegir libremente; y hubo resistencia en los 90′ porque votáramos a quien votáramos el programa económico era el mismo. Es la derecha la que coarta los derechos políticos, y empuja a nuestro pueblo y sus organizaciones, a pararse desde ese lugar defensivo. Hay que poner el oído más en nuestro pueblo que se expreso el 22 de noviembre y menos en la militancia.

Solo si son capaces de dinamitar el FPV y subordinar a al sector mayoritario del Peronismo a la Troika Conservadora del Partido Judicial, los Medios de Comunicación y el Gobierno, iríamos a un escenario de resistencia, donde la fragmentación y el horizonte de generar una alternativa política sería mucho más difuso. Pero no hay que adelantarse. Tenemos un piso altísimo para consolidar una oposición política con capacidad de disputa.

Parar esa Oposición va depender de la unidad y la iniciativa política que tengamos. No se trata de no defender la democracia y las conquistas alcanzadas en la calle, se trata de hacerlo desde un Proyecto de Nación, que tiene un liderazgo, una estructura territorial y una representación expresado en ese 48,6%. El desafío es referenciar que lo que se juega en la lucha gremial y social son dos modelos de país antagónicos, dejando un saldo de acumulación política para las batallas del 2017 y 2019.

Necesitamos construir una estrategia común y concentrarnos en consolidar una nueva línea para la etapa que se abre, subordinando a ese objetivo las internas lógicas que genera una derrota como la que sufrimos el 22 frente a las Corporaciones. Es en función de la política que tenemos que repensar la unidad de nuestras organizaciones.

En concreto es fundamental consolidar una tendencia política dentro del FPV que abra la disputa a interna a los “empoderados” y a los distintos sectores sociales que se van a ver perjudicados por el plan económico del nuevo Gobierno. Construyendo una mística de oposición, de que en cada conflicto, en cada pelea, hay dos modelos de país, y que más temprano que tarde Vamos a Volver.

Los Pilares del Poder en Argentina.

Luego de la marcha del 18F, convocada por los sectores más conservadores y oligárquicos de este país, la presidenta Cristina Kirchner puso un debate sobre la mesa, que apunta en la dirección correcta para pensar donde se toman las decisiones y cuales son los pilares que se interponen en el camino de un proyecto de profundización democrática.

En concreto la presidenta dijo que el 18F fue el “bautismo de fuego del Partido Judicial”, como “un súper poder por encima de las instituciones surgidas del voto popular” (http://www.cfkargentina.com/18f-el-bautismo-de-fuego-del-partido-judicial/).
Creemos que es importante poner en la agenda pública estos temas.
Si miramos la historia argentina, existen una serie de estructuras que han tenido un protagonismo sistemático de cara a garantizar la gobernabilidad y, en los momentos en que los procesos democráticos se pasan de la raya, mostrar con contundencia los límites que no se pueden franquear.
En este sentido, sintetzando la historia argentina, podemos decir que los pilares del poder son:
Capital Financiero, Tierra, Ejército, Iglesia, Medios de Comunicación y Partido Justicialista.
A primera vista esto parece una ensalada, ya que se refieren a niveles muy distintos de acumulación y organización de la sociedad. Pero justamente eso es lo que permite plantear que la combinación de algunos de estos pilares es lo que terminó definiendo el rumbo del país en cada momento histórico.
A continuación planteamos este esquema rudimentario, para mostrar de manera ordenada esta cuestión:
Pilares Políticos (garantes de la gobernabilidad)
-Partido Justicialista
-Ejercito
Pilares Económicos (patrón de acumulación)
-Tierra
-Capital Financiero
Pilares Ideológicos (construcción de sentido común)
-Medios de Comunicación
-Iglesia
Todos estos pilares ejercen un poder de veto determinante por parte de la clase dominante..
No siempre se encuentran fuertes todos los pilares al mismo tiempo, sino que los ciclos políticos que han conducido este país se han apoyado en determinados pilares y debilitado otros.
Ha sido la capacidad de combinar estos pilares la que le dio la fuerza a la clase dominante para derrotar procesos populares profundos, como el que culminó en la década del 70.
A lo que apuntamos con esto es a identificar en qué sectores se han consolidado estructuras que han sido colonizadas políticamente y tienen un poder de veto real sobre los procesos democráticos.
De hecho, todos los pilares tienen algo en común: tienen una doble estructura, donde se combina una dirección pequeña y centralizada, con una estructura territorial que les da una amplitud y flexibilidad democrática enorme. Esto les permite abrir y cerrar filas permanentemente, generar y ejecutar líneas, así como desarrollarlas con rapidez por toda la complejidad territorial y social que tiene nuestro país.
Los pilares y las restauraciones conservadoras en nuestro país.
En nuestro país el orden conservador se impuso a fines del siglo 19 de la mano de Roca, a partir de dos pilares centrales: Tierra y Ejército.
A partir de ahí, quedó marcada a fuego la tarea histórica del Partido Militar, durante todo el siglo 20: garantizar las restauraciones conservadoras de cara al avance de los procesos nacionalistas.
La virulencia de la dictadura del 76, expresa la fortaleza interna que lograron en determinada coyuntura el Partido Militar, el Capital Financiero y la Iglesia, imponiendo el terror social y frenando un proyecto revolucionario de masas.
Así se impuso el proyecto neoliberal, que se profundizó con la “vuelta a la democracia”. Pero el pilar central para eso ya no fue el Partido Militar, sino el Partido Justicialista.
La presidenta Cristina en su carta omite este punto clave: el Partido Militar, en los 90, no fue reemplazado por un Partido Judicial, sino por el Partido Justicialista.
Las corporaciones colonizaron las estructuras del PJ y lograron imponer un proyecto de exclusión social a través del voto popular, en consonancia con el Capital Financiero y los Medios de Comunicación, principalmente.
De hecho, la virtud del Kirchnerismo en el 2003 fue plantear la Transversalidad en el Frente Para la Victoria. Eso fisuró al Partido Justicialista y lo debilitó, ya que democratizó la lucha interna, la sacó para afuera, quedó expuesta de cara al conjunto de la sociedad.
En el 2008 adquirió protagonismo un actor que estaba fuera del escenario político: “el campo”. Este era un actor subordinado al poder político, en tanto se encontraba fraccionado y sus intereses no podían conciliarse en un espacio unificado.
Así se mostró un bloque único, expresado por la “Mesa de Enlace” y una alianza contundente con los Medios de Comunicación. Estos pilares se presentaron de manera homogénea, la Tierra y los Medios, y traccionaron algunos sectores de los otros pilares, del Capital Financiero, la Iglesia y del Partido Justicialista (y la UCR).
La actual posición de la Federación Agraria, y las medidas económicas del gobierno frente a este tema, muestran como el “campo” pierde capacidad política como una fuerza conservadora, en tanto se fisura la “Mesa de Enlace”, y un sector se aleja de los intereses del sector más concentrado y su existencia o desarrollo queda asociada al Estado.
Por tanto, si los pilares internamente están fuertes, es decir, no tienen una lucha interna, es muy difícil avanzar en un proceso de cambio; y si encima cierran filas, avanzan con todo lo que tienen por delante.
Democratizar los pilares, una necesidad imperiosa.
Democratizar un pilar es debilitarlo, es producir vacíos de poder nuevos, es abrir la disputa de poder, sacar a la luz las corporaciones que están enquistadas en las oscuridades del poder, que se pretenden dueñas de nuestro destino.
¿A qué nos referimos con debilitarlo? A plantear la disputa interna con el sector político que hace conservador a determinado pilar. Por tanto, democratizar el pilar es debilitarlo pero, al mismo tiempo, fortalecerlo para profundizar la democracia, garantizando la gobernabilidad.
Así, democratizar los medios, es sacarle poder de veto a una estructura monopólica vertical que no presenta fisuras. Abrir la jugada a nuevas voces, y expone viejas voces que pretendían la palabra revelada, se quiebra el sentido común.
Como vemos por ejemplo, tras el 2008, quebrar la Mesa de Enlace es una tarea de primer orden, sacarle base social a la Sociedad Rural es central para avanzar en plantear en la agenda política cuestiones que parecen imposibles de mencionar en este país, como lo es por ejemplo la reforma agraria; incluso los sectores progresistas le esquivan como la peste a este tema. Nadie se anima a plantear los problemas estructurales de la tierra en este país. Hasta hoy el motor de la economía. Hasta ahora lo máximo que se llegó a pensar y como algo muy difícil de alcanzar son los aumentos a las retenciones y la nacionalización del comercio exterior.
La politización de la sociedad tiene que ver con la disputa por debilitar los pilares del poder, quebrarlos políticamente, sacarles el poder de veto. Sin esto, no hay profundización de la democracia. Esta es la condición de posibilidad para imponer una fuerza política de transformación.
Veamos, de un pincelazo, la presencia de diferentes sectores en cada Pilar de Poder, y la importancia de abrir una lucha interna, que impida el monopolio de los conservadores:
– Respaldo financiero continental, como el proyecto del Banco del Sur, para hacerle frente al capital financiero transnacinal concentrado, así como fortalecer los bancos centrales nacionales.
– Desligar los intereses de pequeños y medianos productores del campo, de los grupos más grandes. Avanzar en captar mayores niveles de renta agraria a los sectores más concentrados del campo.
– Darle protagonismo a las expresiones democráticas y populares que existen en la Iglesia, tanto como darle protagonismo a otros credos.
– Fortalecer los medios del Estado, así como desarrollar medios de comunicación populares que disputen sentido común.
– Subordinar las fuerzas armadas al poder político, reformar sus programas de estudio. La separación entre las tareas de defensa nacional y las de seguridad interna resultó un avance muy importante de estos últimos años.
– Construir una fuerza política, que nuclee a la gran mayoría de las fuerzas democráticas, populares y anti-imperialistas, para enfrentar la ya más prefigurada restauración conservadora, que tiene en esta coyuntura al empresario Mauricio Macri a la cabeza.
¿Cual son los pilares que hoy quiere fortalecer o construir la clase dominante?
El problema del poder en la Argentina para las fuerzas populares no está solamente ligado a construir una nueva mayoría electoral. El acceso al Poder Ejecutivo por sí mismo no resuelve el problema del poder.
Construir una nueva sociedad es una batalla sistemática entre lo viejo y lo nuevo, un Gobierno Popular debe asumir la conducción de ese proceso con inteligencia, desatando uno a uno los nudos que condicionan la democracia, consolidando poder en la relación Estado-Pueblo y descomponiendo la relación Estado-Corporaciones. Lo que implica desatar distintos niveles de confrontación en los que se va jugando el destino de los procesos populares.
Esto se va a poner a prueba en el 2015, ya que no se trata de una coyuntura electoral más, es un punto más de inflexión en el largo camino que debemos atravesar para profundizar la democracia.
Hasta el momento el Partido Militar fue reemplazado por el PJ y demás estructuras partidarias tradicionales, que hoy se encuentran fisuradas y en disputa, de afuera hacia adentro. Es decir, desde las instituciones de gobierno, nacionales y provinciales, hacia la interna partidaria.
Frente a esto ¿Es el Partido Judicial un nuevo Pilar de Poder en Argentina?
Claramente el poder judicial juega un rol clave en darle espalda y legimitimdad a los sectores conservadores. Siempre lo ha hecho. Es su función histórica.
Ahora bien, hasta el momento no se erigió un Partido Judicial que desde ahí tenga la capacidad de estructurar una línea política que dote de gobernabilidad a los sectores conservadores. Lo que no quita, claro está, que hoy tenga una función central respecto de minar la base social de los sectores democráticos.
Lo real y novedoso es que los sectores conservadores del país, tienen serias posibilidades de implantar una restauración conservadora a través de las elecciones.
Es decir, un partido político de derecha, institucional, legal. Creado con los fondos justamente provenientes de la tierra y las finanzas. Que amplia su respaldo en los medios de comunicación concentrados. Que se nacionaliza de la mano de famosos o de políticos locales del radicalismo, desesperados por mantener su poder local.
Así, los sectores liberales tienen colonizado a una fracción justicialista del FPV, por una lado (Scioli), y están logrando nacionalizar al PRO de la mano de los radicales, como una fuerza abiertamente conservadora.
Son cuestiones que están sobre la mesa y sobre la disputa política. Lo que es claro es que el Partido Militar no se encuentra en condiciones de encabezar ninguna restauración conservadora, como lo ha hecho siempre que se hizo necesario en nuestra historia (en el 30, 55 y 76).
Hoy las clases dominantes apuestan a lograr mayorías electorales y quebrar desde ahí la gobernabilidad. Eso están intentando en todo el continente y en Argentina también.
Al respecto han tenido avances considerables, pero aún no lo han logrado.
Es decir, hay un crisis política, donde el rumbo está abierto y la cosa no se define con un “golpe” y a otra cosa. Sino que está en pleno desarrollo y lo que se están jugando son las condiciones de mediano plazo, en toda la región, para definir o una restauración conservadora o una profundización democrática y popular.
Brasil y Argentina marcan el ritmo lento y gradual del proceso, son la boya de referencia. Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba están a la vanguardia. El resto va por detrás.
El imperialismo definió, nuevamente, que esto define en una estrategia continental, y está quemando cartuchos al respecto.
¿Podremos esta vez responder de la misma manera? ¿Se pueden debilitar los pilares del poder en Argentina sin una estrategia continental?